Por Eldo

De ahogado pateas y amarillo es tu color

A ningún pambolero mexicano le importa el futbol regio hasta que los de rayas azul marino le pegan a los de amarillo; a cualquiera de los dos que se visten de ese color, especialmente el del centro del país.

Mucha risa, equipo chico, equipo ranchero, fAlSo cAmPeOn, pero nomás pierden contra ellos, y entonces se viene toda la retahíla de quejas, acusaciones de robo, victimización, “siempre dicen que el arbitraje nos ayuda y vean cómo nos jode”, etcétera.

Aquí hay dos puntos importantes. El primero es que claramente el aficionado americanista no sabe perder, porque una cosa es ser mal perdedor y otra es de plano no reconocer la derrota. El primer ejemplo que se me viene a la mente es que cuando Rayados venció al América en la final por el Apertura ’19, escuché decir a un médico que “así no valía porque había sido en penales”. Otro conocido escribió en las redes sociales que cuando los 90 minutos de tiempo reglamentario concluyeron en el Azteca el vencedor “fue papá”. Y así puras incoherencias de ese tipo.

Pero tampoco podemos culpar al aficionado amarillo por no saber perder, ya que históricamente su equipo siempre se ha acostumbrado a ganar, ya sea por la buena, o por la orden de papi Azcárraga, o en su momento el Tigre. El caso es que el América es un club ganador por tradición.

Entonces, haber crecido siendo aficionado al equipo más ganador de México, pésele a quien le pese, y verlo ganar una y otra vez contra el rival que se le ponga enfrente, podemos entender lo difícil que es asimilar cualquier derrota, especialmente cuando te la propina un ‘equipo chico’ como tanto les gusta decirnos.

Y de aquí se deriva el segundo punto: por supuesto que no es fácil procesar que ese mismo equipo chico que a penas hace 14 años eran tres puntos seguros, ni figuraba en las finales, luchaba por no descender, y hasta tenía problemas legales y financieros, es el mismo que hace casi dos años te ganó en tu casa y ahora te ganó en la suya y fue por el pase al Mundial de Clubes.

Por eso pesa tanto, porque ahora ‘los de abajo’ ya le compiten al tú por tú al “equipo más grande de México, de todo América, si por eso nos llamamos así” (enjoy), y hasta lo vencen, para dar justo en el orgullo de aquellos que se creen invencibles. Se hubieran llamado ‘Titanic’.

Estaría interesante que algún sociólogo, psicólogo, o antropólogo, o los tres, se unieran para estudiar el perfil del aficionado americanista, ya que es muy particular, sobre todo en esos extremos de sentirse en lo más alto y después victimizarse cuando algo no sale como esperaban: “somos el más grande/¿por qué nos roban así?”. En fin.

Anoche, en un partido verdaderamente lento y con pocas acciones de peligro (cuatro de Rayados y dos del América), la polémica no pudo faltar. Pero lo curioso es que cuando el arbitraje es ‘controversial’ en contra del América entonces automáticamente tiene ‘mucho más importancia’. Ni vale la pena hablar de los comentarios.

Cuando surgió lo del fAlSo cAmPeOn en enero de 2020 escribí esto:

Como hemos podido constatar con el paso de los meses, la evolución en el futbol no es algo ‘para todos’; quizá porque la llegada del VAR al futbol mexicano significa incidir no sólo en el resultado sino también directamente en lo que puede causar felicidad o infelicidad al aficionado.

Tal vez por eso al aficionado al futbol se le considera como el más neandertal en materia deportiva: por rehusarse a ver ‘su deporte’ dejar de ser lo que ‘siempre ha sido’. En fin.

El 29 de diciembre el arbitraje no perjudicó al americanismo —aunque miles digan que sí—, pero gracias al VAR tampoco lo favoreció. Debatir al respecto con la mayoría de la afición azulcrema es imposible y desgastante. No vale la pena, pues.

Lo de anoche es una calcomanía, agregando que ahora incluso hubo cambios en la regla del Fuera de juego. Lo que piden del supuesto penal ya son patadas de ahogado.

Si el escenario de anoche hubiera sido al revés, ya nos hubieran mandado a callar a todos. Aguántenla cuando les toca perder. Arriba el Monterrey, compa.

Aarón, el iluminado

Durante los meses previos al inicio de la NFL se habló mucho de la novela entre Aaron Rodgers y la dirigencia de los Green Bay Packers, específicamente criticando la postura del quarterback de haber aparecido como conductor del programa norteamericano Jeopardy, y de apartarse de sus labores en el minicamp del club en la temporada baja.

Por algunas semanas se habló incluso de una posible salida de Green Bay de parte de Rodgers a petición de él mismo, donde equipos como los Broncos de Denver se posicionaban como uno de los primeros postores.

Pero todo quedó ahí ya que el gerente general de Green Bay y Rodgers ‘arreglaron’ a medias sus diferencias bajo la petición del mariscal de campo de que lo dejaran concluir esta temporada sin pensar a futuro, y una vez terminada entonces verían qué sucedería con esta relación laboral de tantos años.

Para Aaron y los Packers, sus Packers, la temporada empezó como muchos comentaristas y analistas habían pronosticado: una estrepitosa derrota por marcador de 38-3 frente a los Santos de Nueva Orleans, en una presentación que para muchos daba muestra de ‘la clara debacle’ que se avecinaba ante el mal manejo de la pretemporada entre ambas partes.

Así, vino el segundo juego en el calendario frente a un rival divisional, los Detroit Lions, y Rodgers logró la primera victoria de la campaña en prime time. Para la tercera fecha se enfrentó al equipo que el día en que llegó a la NFL aseguró “se arrepentirán de no haberme firmado”, y con una patada agónica de Mason Crosby se llevaron el triunfo también en prime time pero ahora como visitantes.

Desde esa noche las cosas sólo han salido bien para Aaron y sus Packers, consiguiendo únicamente victorias, hasta llegar a su tercer juego en prime time en las primera ocho fechas para derrotar a los Arizona Cardinals, el único equipo que permanecía invicto en la Liga.

Ahora Green Bay está empatado justamente con los Pájaros Rojos con el mejor récord de la NFC con siete victorias y sólo una derrota, y por supuesto aquellas críticas se transformaron en elogios, ante el gran nivel en el que Aaron Rodgers se mantiene jugando, y su inminente compromiso por sacar adelante lo que podría ser su última campaña con los Empacadores.

El que pega primero pega dos veces

Ninguno de los pronósticos estuvieron acertados, y la MLB nos entregó lo que un buen amigo catalogó como “la Serie Mundial menos taquillera”, con los Astros, pero sin los Dodgers, y obviamente sin Boston.

Así, Atlanta empezó la serie ganando de visita por un contundente marcador de 2-6, en una noche en la que su ofensiva hizo batallar al pitcher abridor Framber Valdez, conectándole cinco carreras en tan sólo tres entradas para terminar su labor en ese cotejo.

Sin embargo la victoria no quedó libre de drama, y en la tercera baja los Bravos perdieron a Charlie Morton por lo que resta de la serie, al salir con una fractura en el peroné de la pierna derecha.

Para la noche siguiente Houston hizo valer su localía y evitó que Atlanta sacara nuevamente el hacha, también con una ofensiva que desde el primer rollo tomó ventaja gracias al buen corrido de bases de José Altuve.

Sin embargo, fue la excelsa actuación del pitcher mexicano José Urquidy –con muchos menos reflectores–, lo que llevó a los Astros a alzarse con el triunfo en el juego 2, lo cual lo situó como el primer lanzador mexicano en conseguir dos victorias en Serie Mundial.

Ayer por la noche los Bravos no decepcionaron a su gente y ofrecieron una excelente exhibición de pitcheo con siete entradas sin recibir hit entre Ian Anderson, A.J. Minter, y Luke Jackson, algo que no sucedía desde 1969 cuando el lanzador de los Mets Jerry Koosman logró mantener sin hits por seis entradas a los Orioles de Baltimore en el juego 2 de aquella Serie Mundial.

De vuelta al presente, el juego se rompió cuando en la octava entrada Aledmys Díaz conectó un elevado y ante el error de comunicación entre Dansby Swanson y Eddie Rosario la bola cayó en medio de ambos, algo que no fue impedimento para que los locales se llevaran el triunfo, asegurándolo con un tablazo de Travis d’Arnaud por todo el jardín central.

Con el triunfo del viernes Atlanta toma ventaja de 2-1 y podría coronarse en casa de ganar hoy y mañana, para lograr el título de la Serie Mundial que no consigue desde 1995. En caso de que Astros gane uno de estos dos juegos obligaría a regresar la serie a Houston el próximo martes y de ser necesario el miércoles.

Como quiera que sea, la próxima columna que escriba será la última sobre la temporada ‘21 de la MLB, en la cual estaremos hablando ya de un nuevo campeón.

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