Hace justamente 20 años un grupo de amigos y el reportero que esto escribe, entrevistó al periodista en una oficina de su redacción. A tanto tiempo de distancia, en GLOCAL MEDIA revelamos el resultado de aquella conversación, así como la experiencia de los estudiantes que la hicieron posible. El siguiente texto es el mismo que se presentó en clase.

La preparación previa no fue difícil, ni el transporte o conseguir una llamada a las instalaciones del periódico. Lo difícil fue conseguir la cita.

Todo comenzó un lunes 13 de octubre, a las 4:00 de la tarde. Tomé el teléfono e hice la primera de una lista de conexiones que haría. La mujer que contestó dijo que en ese momento ninguna de las personas de la gerencia estaba disponible, que llamara al día siguiente como a eso de las 11:00 de la mañana. El martes hice la segunda conexión telefónica.

—El señor Blancornelas no está disponible en este momento, está atendiendo a unos empresarios importantes. Por favor llama como a las cinco, con suerte y te dan la entrevista ahora en la noche.

Pasamos todo el día haciéndole caso a las últimas palabras de la mujer del auricular, preparamos la entrevista y nos vestimos adecuadamente. Cuando volvimos a marcar, la mujer que respondió no era la misma de las llamadas anteriores, su voz sonaba ronca y enojada. Le expliqué lo que había explicado las dos veces anteriores, la escuela en la que iba, el grado, el propósito de la entrevista, que era para un trabajo escolar y demás cosas.

Duramos aproximadamente 10 minutos hablando, ella preguntando y yo respondiendo, y todo para que al final nos dijera que las entrevistas se arreglaban con la asistente personal de don Jesús Blancornelas, y que ella se había ido ya.

El miércoles volvimos a marcar a las 12:00 de la tarde. La recepcionista que atendió me reconoció la voz y saludó diciendo mi nombre, pero esa mañana habíamos revisado el periódico de la semana anterior y en el directorio supimos que la asistente se llamaba Aurora, así que pedimos hablar directamente con ella. La musiquita sonó varios segundos y, para nuestra sorpresa, Aurora nos contestó con la noticia de una cita: para el lunes 20, a las 9:00 de la mañana.

8:40: Llegamos a las instalaciones del Semanario, decidimos que era temprano y nos sentamos en la banqueta de la casota de enfrente.

8:41: Una camioneta con militares vestidos de civil arranca desde la esquina y frena justo frente a nosotros, el copiloto se baja portando un radio táctico y nos pregunta si somos los estudiantes. Le mostramos las credenciales y después nos dejaron solos.

Cuando entramos, esperamos en las bancas del estacionamiento techado un par de minutos y luego nos pasaron a una una sala blanca con tres sillones de piel color marrón, unos cuadros fantásticos y el aire acondicionado frío.

La puerta se cerró detrás de nosotros y no se volvió a abrir sino hasta que don Jesús irrumpió en la habitación, custodiado por dos soldados del Ejército que se quedaron afuera, y seguido por un fotógrafo que hizo su trabajo rápido, resumido en unos cuantos flashazos.

—¿En qué les puedo servir?

—Somos estudiantes de la preparatoria Lázaro Cárdenas, de la capacitación de Comunicación y venimos a hacerle algunas preguntas, queremos que Usted responda con las que se sienta cómodo.

—Cómo no, las que tú quieras —dijo rozando la barba con su mano derecha.

Con una camisa de rayas, zapatos chocolate y pantalón café, el periodista se acomoda, extiende los brazos, levanta la cara, alza las cejas; su aire de maestro se sobrepone en el entorno, entonces comenzamos la entrevista.

—¿Cuándo decide usted ser periodista?

—No, bueno, no, yo no decidí ser periodista. Fue por casualidad que empecé a hacerlo, desde 1955. Yo era ciclista y llevaba al periódico los reportes de las competencias, y de tanto ir me quedé ahí.

—¿Dónde conoce usted a Héctor “El Gato” Félix Miranda?

—A Héctor lo conocí en Tijuana, cuando yo estaba trabajando. Regresé de Hermosillo en 1966, y estaba trabajando en el periódico Noticias y ahí fue donde lo conocí. Él trabajaba en el diario Baja California. Empezamos a platicar porque a él lo censuraban mucho, y había otros compañeros en otros diarios que nos censuraban también, y fue que como teníamos esa clase de censura nos reunimos para fundar el periódico ABC, y ahí fue cuando tuve mucho más trato con él.

—¿Entonces el periódico nace de la idea de varios periodistas censurados?

—El periódico nace de la idea de varios periodistas, precisamente de varios periodistas que estábamos siendo censurados. Todos éramos empleados y, entonces cada quien decidimos poner o aportar cierta cantidad de dinero, y otros decidimos no cobrar durante tres meses como parte de nuestra aportación al periódico, esa fue la forma de fundar el ABC y fue como conocí a Héctor.

—¿Por qué este periódico se llama Zeta?

—Porque el primero que hicimos, que por cierto fue el primer periódico que se hizo en Baja California, de periodistas, no de empresarios, fue el ABC, este que te refiero cuando nos juntamos todos. Le pusimos ABC por que ABC fue el primer periódico que hubo en Baja California en los años cuarenta, que fue el primer periódico formal, ya así con sus secciones y todo. Lamentablemente terminó ese periódico en Mexicali, y entonces nosotros retomamos el nombre ABC para seguir. Cuando nos quitaron el periódico ABC, el gobierno, hicimos otro que se llamaba… bueno no otro, era una hoja, una hoja mimeografiada que hacíamos, se llamaba ABC2. Pero tuvimos muchos problemas, golpeaban a los voceadores, impedían que lo sacáramos. Entonces decidimos hacer otro, y algunos decían que como el gobierno se había quedado con el ABC pues que sacáramos DEF, y si nos cierran hacemos GHI, entonces dijimos, no, vámonos hasta la última letra, la última oportunidad, vamos a jugárnosla y esa fue la idea Zeta.

—¿Con qué actitud recibe usted el deceso de su compañero Héctor Félix Miranda?

—N´hombre, pues es una cosa muy triste, muy triste y muy de impotencia, porque lo único que pudimos hacer fue el investigar, y lograr con la investigación de todos la identificación de los autores materiales y se logró la detención. Pero es una cosa de la que uno nunca se puede reponer, muy triste.

—Hay una plana en el semanario Zeta, que se refiere a la muerte de él y exhorta al gobernador a hacer algo por el asesinato, y a manera de pista dice que todos los caminos conducen al Hipódromo…

—Bueno, no dice así exactamente, dice… es la sección que tenía Héctor, por cierto, y dice: “¿Por qué me mataron los guardaespaldas de Jorge Hank?” Eso es lo que dice, porque no se investiga el asesinato. Nosotros esperamos que la autoridad lo haga, pero lamentablemente mientras aparezca esa plana, es una señal de que el gobierno no está haciendo nada por investigarlo a fondo. Nuestro criterio es: Dos personas que son guardaespaldas de un hombre importante, no van a actuar por sí solos para matar a un periodista y crearle problemas a su jefe. Por el contrario, ellos reciben órdenes, nosotros no somos autoridad, no somos persecutorios de la ley y no podemos hacerla, pero si podemos señalarla.

—¿Cómo veía usted a Héctor el Gato Félix?

—Bueno Héctor era muy diferente. Él venía todos los días en la mañana a leer el periódico, a platicar, tomar café, a bromear muy fuerte, platicaba conmigo sobre algunas cosas cuando fuera necesario, pero generalmente los jueves, que era cuando él escribía, se encerraba y no dejaba que nadie lo interrumpiera, se la pasaba todo el día escribiendo. Y tenía una cosa muy especial: a veces salía de su oficina, porque tenía que ir al baño, tomar agua o comer, y siempre salía, porque así le gustaba escribir, no sé por que, nunca me dijo, le gustaba escribir descalzo, siempre se quitaba los zapatos y escribía descalzo, no sé por qué.

—¿Cree que en México haya realmente libertad de prensa?

—Bueno mira yo te podría decir en eso, según como se dice, según el que lleva el saco ¿no? Por lo que a mí respecta siempre a habido libertad de prensa, o sea, aún cuando me digas, cómo hay libertad de prensa si mataron al Gato o han pasado otras cosas aquí. Bueno la libertad de prensa existe, siempre ha existido, el problema es que es una libertad que tiene riesgos, y ya sabe uno cuales son esos riesgos, entonces tiene uno que tomarlos, pero la libertad ahí está. No es una cosa que se diga no puedo, no puedo. Bueno, nos quitaron un periódico pero no nos quitaron la libertad, hicimos otro. Tuvimos problemas pero no nos quitaron la libertad. Nos mataron a un compañero pero no nos quitaron la libertad. Tuvimos problemas personales pero no nos han quitado la libertad, vamos a seguir teniendo problemas, esperamos que no los tengamos, en especial mis compañeros los que me siguen, que son muy jóvenes y esperamos no los tengan, pero a pesar de eso no nos quitarán la libertad.

—Sabemos que el periódico está muy inclinado hacia los problemas de Baja California, pero en especial al narcotráfico y al CAF (Cártel Arellano Félix), ¿por qué?

—Bueno, no es que en especial investiguemos al CAF, ni que en especial estemos publicando sólo de Arellano Félix, podemos ubicarnos de unos 10 o 15 números hacia acá y la nota de ellos no es precisamente la principal aunque no los dejamos de mencionar. El hecho es que si estuviéramos en Washington pues habríamos tenido que hablar del presidente y sus problemas personales, o si estuviéramos en Ciudad Juárez tendríamos que hablar de las muertas. El problema es que Baja California es un paso natural del narcotráfico donde se asentaron los Arellano Félix, y tenemos que hablar de ellos, nosotros contra ellos no tenemos nada, la policía es la que debe de tener algo contra ellos, nosotros informamos sobre la actividad que no es legal, informamos de los crímenes de todo lo que pasa alrededor de nosotros.

—Sabemos que en 1997 usted sufre un atentado. Quisiéramos saber, ¿cuál fue su medida de prevención después del ataque?

—Después del ataque el Ejército Mexicano se hizo cargo de mi cuidado, de mi vigilancia, y desde ese entonces trece hombres con armas largas me protegen día y noche y yo no puedo… —se detiene y parece que en ese momento acepta algo— puedo ir pero no debo, porque imagínate que dijera: Voy a la preparatoria Lázaro Cárdenas, el Ejército iría a revisar; ya que revisen podría entrar, pero al entrar ellos entrarían conmigo y con ametralladoras, no es conveniente que yo esté así en una escuela, o en un restaurante, en un cine, la iglesia o alguna parte, por eso no salgo a ninguna parte, solamente de mi casa a aquí y de aquí a mi casa. Salgo de aquí los viernes y no vuelvo a salir hasta el lunes en la mañana, no salgo para nada de mi casa. Salgo de aquí en un carro blindado, no sé por dónde me van a llevar, no sé por dónde me van a traer. Son cosas que ahora tienen que ser así, y en ocasiones tengo que ponerme un chaleco, según los riesgos. A veces tengo la facilidad de que entrevisto a alguna persona y tengo que ir a su oficina, pero tengo que tomar precauciones. Quiero seguir trabajando para que la gente sepa que yo no soy enemigo de nadie y sólo pido respeto para lo que hago, respeto porque me cuesta.

 —Los siguientes son algunos temas que nos gustaría que usted se refiriera a ellos en forma descriptiva y con una sola palabra.

—Está bien, adelante.

—La guerra:

—No nada, no me gusta.

—El gobierno:

—Malo.

—La política:

—No bien… no bien ejercida.

—De la Iglesia:

—Debe retomar su papel.

—De la Selección Nacional:

—Desilusiona.

—De los partidos políticos:

—Están en la lona.

—De la música:

—Siempre oírla.

—De Swartzeneger:

—Que regrese al cine.

—Del 2006:

—Una esperanza confusa.

—De la fama:

—No debe existir.

—¿Cuál es su mayor anhelo?

Don Jesús sonríe discreto y los estudiantes suponemos que es debido a la pregunta aunque él se la toma en serio: se arrellana en el sillón guinda y voltea al cielo de la oficina donde logramos entrevistarlo, cierra y abre los ojos unas dos veces viendo hacia arriba, y de alguna forma su barba canosa nos regresa la mirada. Entonces el periodista contesta para nosotros, sin dejar de ver el techo:

—Que el periódico Zeta siga siendo lo que es, por siempre y para siempre, a pesar de que yo no esté presente.

Cabe extrapolar sobre esta plática inédita, que Don Jesús Blancornelas contestó a las preguntas hace 20 años con el mismo atino de quien podría responderlas en 2023, y es curioso que esa atemporalidad nomás se dé en las personas que son muy precisas sobre el entorno y la realidad que les envuelve: las que miden las cosas y pactan con la vida del futuro tal como va sucediendo: quienes dejan la puerta abierta cuando todos la cierran porque hay un aironazo: ellos que hacen con sus ideas que la vida se mueva de lugar.

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