Fotografías y texto: Miguel Cervantes Sahagún, especial para Glocal Media.

Redactado originalmente en 2017.

En su memoria.

Cuando el periodista Héctor Félix fue asesinado hace 33 años, su relación con el Semanario Zeta y el director Jesús Blancornelas estaba deteriorada.

Hacía algunas semanas que no había plena comunicación entre ambos, pues Félix pasaba más tiempo con su familia en Los Mochis y descuidaba su cargo como co-director.

A sus 47 años, había planeado su retiro y buscaba alguna propiedad en Sinaloa para vivir cerca de su madre. Las circunstancias del distanciamiento con Blancornelas no eran del todo claras, pero hubo especulación de que el columnista de “Un Poco de Algo” ya no participaba tanto en la actividad del semanario, y que había un declive en su popularidad, pues su columna ya no era tan leída como antes.

Héctor Félix preparaba un cambio en su vida, fuera del periodismo, algo que a Blancornelas no le agradaba porque su retiro podría afectar la vida misma del semanario.

Días antes de su muerte ocurrida a las 7:10 de la mañana del 20 de Abril de 1988 a manos de guardias del Hipódromo Caliente, Héctor Navarro, el contador y administrador del semanario Zeta, lo notaba nervioso, distraído y un tanto ajeno a las decisiones de la empresa.

La mañana del 20 de abril, Félix condujo su auto desde su casa ubicada en Los Olivos rumbo al vecino fraccionamiento El Paraíso, un trayecto de unos siete minutos.

En la Calle Colina de Capistrano esquina con Amado Nervo, cinco tipos colocaron un inusual retén con el propósito de detener a Félix Miranda y ejecutarlo.

El periodista bajó la ventanilla, pues seguramente conoció a sus verdugos porque era popular entre policías y guaruras, sus principales informantes.

Según testigos, hubo intercambio de palabras segundos antes de recibir el primer escopetazo en el hombro izquierdo. El segundo disparo a quemarropa fue en las costillas.

El auto sin control avanzó por la Capistrano y se impactó contra un cúmulo de arena en la esquina con la Calle Alba Roja.

No hubo funeral en TIjuana pues su señora madre reclamó el cuerpo para su entierro en Sinaloa: “En Tijuana se queda ‘El Gato’; mándenme a mi hijo Héctor Félix Miranda”, pidió.

Se hicieron preparativos para su envío a Los Mochis tan pronto el Semefo liberó su cuerpo.

Fui el único voluntario para acompañar el féretro, y junto con su hermano Rigoberto, se entregó a nombre del periódico a su señora madre.

En el despegue del avión de la compañía Aero California hubo algo sumamente inusual: Partimos hacia el Este, pero los pilotos realizaron una vuelta hacia la costa del Pacífico con el propósito de pasar a baja distancia sobre el Aeropuerto de Tijuana, lo que significó honores de despedida al popular Héctor “El Gato” Félix.

Cuando llegamos a Los Mochis, nos explicaron el gesto, reservado normalmente a pilotos fallecidos.

En los patios del Aeropuerto de Tijuana comprendieron la acción de respeto, y muchos simpatizantes, asiduos lectores de “Un Poco de Algo”, estallaron en llanto.

Semanas atrás, Félix había escrito algunas columnas que no favorecían la imagen del concesionario del Hipódromo, Jorge Hank Rhon, mismas que los investigadores del crimen tomaron como referencia para enfocar las indagatorias hacia el personal que rodeaba al empresario.

El mismo gobernador de Baja California, Ernesto Ruffo Appel mencionó alguna ocasión que era tanto lo que apuntaba a Hank, que pronunció la analogía: “Si camina como pato, nada como pato, tiene plumas y pico de pato, pues es un pato…”

La muerte del “Gato Félix” produjo una serie de consecuencias al interior del periódico que ocasionaron un radical cambio de Blancornelas.

En conversaciones que tuvo con los hermanos de Félix, concluyó que pretendían arrebatarle el periódico, pues ambos tenían igualdad de acciones, más otras cuantas otros empleados y ex-empleados.

Hubo una muy marcada molestia hacia conmigo pues habíamos dado posada a Lucina, la hermana de Félix, cuando llegó procedente de Los Mochis a tramitar la entrega de algunas pertenencias del columnista.

Héctor Navarro, asesinado años después, estuvo cerca de las pláticas y en alguna ocasión narró que una hermana menor de Félix había estudiado periodismo como un plan para ingresar a Zeta, pero el asesinato del “Gato” cambió las circunstancias y ahora pretendían encumbrarse en la co-dirección.

El hermano de Félix, Rigoberto, mencionó que tras el entierro hubo un cambio de actitud de Blancornelas, del abogado Carlos Estrada y demás personal hacia la familia, por lo que ya no viajarían a Tijuana y no tocarían más el tema.

Sin embargo, una década después, en 1998, el abogado Estrada convertido en acérrimo enemigo de Blancornelas, asesoró a la familia de Félix para obtener un pago de liquidación de acciones y pertenencias del columnista.

Inmediato al crimen, el semanario publicó algunas columnas del “Gato” y a pesar de que hubo una generalizada inconformidad social en el momento, no se enjuició al autor intelectual, pero sí a los dos principales involucrados que hace dos años (2015) obtuvieron su libertad, tras pasar más de 20 años en prisión: Antonio Vera Palestina y Victoriano Medina.

Del enfado popular puede asegurarse que se benefició el candidato panista Ernesto Ruffo Appel, para que obtuviera la mayoría de votos en las elecciones de 1989 y el gobierno federal respetara -ahora sí- el resultado electoral.

Fue cuando el entonces presidente nacional del PRI, Luis Donaldo Colosio, anunció aquella famosa frase de: “la tendencia no nos favorece”, y Ruffo se convirtió en el primer gobernador de un partido contrario a PRI.

La tumba de Héctor Félix permanece abandonada en el Panteón Jardines de las Memorias, al pie del Cerro de Las Memorias en Los Mochis, Sinaloa.

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