“México es uno de los países más desigual del mundo”, afirman los expertos del World Inequality Lab (Laboratorio Mundial de la Desigualdad) en su segundo informe anual, publicado hoy.

“A lo largo de todo el siglo XX y durante las dos décadas del XXI los ingresos del 10% más rico de la población mexicana fueron y siguen siendo 30 veces más altos que los del 50% más pobre”.

​Encabezado por un cuarteto de eminentes economistas, Thomas Piketty -autor del multigalardonado “El capital en el siglo XXI”-, Lucas Chancel, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, con una doble sede en  la renombrada Escuela de Economia de París y en la  Universidad de Berkeley  (California ), el Lab cuenta con una red de más de cien  investigadores trabajando en los cinco continentes y creó una base de datos sobre desigualdades socio-económicas globales y nacionales única en el mundo.

Abandono, pobreza e ignorancia, es lo que se observa en el Día Internacional de la Mujer, observaron doña Enedina N, su hija Carmen y Juan N, al ver a las mujeres campesinas del poblado de Zitlala realizando trabajos del campo. También es común ver a menores de edad realizando el tejido de palma. FOTO: BERNANDINO HERNÁNDEZ /CUARTOSCURO.COM

“Vivimos en un mundo lleno de datos y sin embargo carecemos de información sobre desigualdades. Cada año los gobiernos del planeta publican cifras sobre el crecimiento económico de sus respectivos países, pero no nos explican cómo ese crecimiento se distribuye entre toda la población. No nos dicen quiénes son los ganadores y los perdedores de sus políticas económicas “, insisten los fundadores del Lab al tiempo que precisan:

​ “Tener acceso a estos datos es indispensable para la democracia. Es preciso ir más allá de los números sobre ingresos y riqueza, necesitamos ampliar nuestra capacidad colectiva para medir y vigilar otros parámetros de la desigualdad socio-económica. Semejante información abierta a todos, transparente, confiable es un bien público global”.

​Los autores del informe, presentado como la síntesis más actualizada sobre el tema, describen con sumo rigor las disparidades, a veces abismales, que prevalecen en los países mismos y entre los distintos países del orbe a nivel de ingresos y patrimonio, pero también -y eso es novedoso- a nivel de género y de emisión de óxido de carbono.

México entre los más desiguales

En los cuatro últimos capítulos de ese documento de 230 páginas, los economistas preconizan soluciones para evitar un desastre global y al final exponen brevemente la situación de 26 países. México figura en esa lista y no sale bien parado.

​Tras recalcar que desde el inicio del siglo XX y hasta la fecha, contrario a lo que pasó en otras regiones del mundo como Europa y Asia, los ingresos del 10% de la población mexicana más acaudalada fueron y siguen siendo 30 veces superiores a los del 50% más desfavorecidos ya que los primeros concentran en forma permanente entre 55 y 60 % del total de los ingresos y que los segundos solo aceden al 8 y 10%, los economistas señalan la misma dicotomía en el campo de la riqueza:

“La riqueza promedia de los hogares en México es de 833 mil 660 pesos. La mitad de la población más pobre no cuenta con riqueza alguna. Es más, su riqueza neta es negativa lo que significa que por lo general tiene más deudas que bienes. Contrasta esa situación con la del 10% de los hogares más acomodados que disponen de una riqueza promedio de seis millones 561 mil 490 pesos acumulando así 62% del total”.

​También observan que México resalta en el campo de desigualdad de género:

​“La cuota del ingreso del trabajo femenino en México es de 33% y resulta inferior al promedio de 35% que prevalece en América Latina y en particular al de Brasil (38%) o de Argentina (37%). Esa cuota es ligeramente superior a la de los países subsaharianos (28%) y sumamente inferior a la de Europa Occidental (38%) y Oriental (41%). Sin embargo, cabe señalar que desde 1990 esa misma cuota aumentó un 9%”.

​Por si eso poco fuera poco México despunta además por las grandes disparidades sociales entre emisores óxido de carbono.

“La mitad más desfavorecida de la población emite un promedio de menos de 2 toneladas de CO2 per cápita cuando el 10% más adinerado produce 20 toneladas por persona…”.

​En ese campo otra vez México supera a Brasil donde 10% de la élite -económica genera ocho veces más CO2 que el 50% de la población y se acerca a China donde el 10% más acaudalado “exhala” 12 veces más óxido de carbono que 50% de sus conciudadanos

​Multiplicando datos, estadísticas y esquemas muy elocuentes los investigadores del Lab recuerdan en los primeros capítulos de su informe que las desigualdades a nivel global no son una fatalidad, sino que resultan de decisiones políticas.

Decisiones políticas

“A partir de los años 1980 las disparidades de ingresos y riqueza no han dejado de crecer en todas partes como consecuencias de una serie de programas de desregulación y liberalización cuyas modalidades de aplicación variaron según los países “, escriben.​

​«Ese auge no ha sido uniforme: algunos países experimentaron un incremento espectacular de desigualdad como Estados Unidos, Rusia y la India, mientras en Europa o China ese aumento fue menor. Semejante diferencia confirma el hecho de que todo depende de las políticas seguidas por los gobiernos”.

​Después de comparar datos de 1820 y de 2020 los economistas llegan a una conclusión asombrosa:

“Hoy día, sostienen, las desigualdades globales p​arecen tan altas como las que imperaban en el apogeo del imperialismo occidental al mero principio del siglo XX.  Por cierto, la parte del ingreso que le corresponde actualmente a la mitad más pobre del mundo equivale a casi la mitad de lo que era en 1820, justo antes de los grandes enfrentamientos entre las potencias occidentales y sus colonias. En otras palabras, falta todavía recorrer bastante camino antes de poder acabar con la disparidad económica heredada de la organización desigual de la producción mundial impuesta entre la mitad del siglo XIX y del XX”.

​Subrayan además que para entender mejor el nivel actual de la desigualdad es preciso observar la diferencia que existe entre la riqueza neta de los gobiernos y la del sector privado.

​“A lo largo de los 40 últimos años, los países se enriquecieron de modo significativo, pero los gobiernos se empobrecieron también de manera impresionante, denuncian. La parte de la riqueza en poder de los actores públicos es próxima a cero o negativa en los países ricos, lo que significa que la totalidad de la riqueza se encuentra en manos privadas”.

​Según enfatizan esa tendencia se disparó aún más con la crisis de la covid durante la cual los gobiernos tuvieron que pedir préstamos – equivalentes al 10-20% del Producto Interno Bruto—esencialmente al sector privado.

El auge de la riqueza

“Ese muy bajo nivel de la riqueza de los gobiernos impacta gravemente su capacidad para enfrentar hoy como en el futuro la desigualdad y los desafíos del siglo XXI entre los que destaca el cambio climático”, observan y añaden:

“El auge de la riqueza privada ha sido desigual tanto en cada uno de los países del orbe como a nivel mundial. Los multimillonarios globales se beneficiaron ampliamente del auge del crecimiento planetario de la riqueza a lo largo de las últimas décadas ya que 1% de ellos se apoderó de 38% de toda la riqueza adicional acumulada desde la mitad de los años 1990, cuando 50% de la población mundial solo tuvieron acceso a 2%”.

​Llaman la atención otras cifras:  desde 1995 el crecimiento anual de la riqueza de los hombres más acaudalados del mundo oscila entre 6 y 9%. Ese auge se aceleró aún más con la pandemia. En 2020 se venció un récord: 3.5% de la riqueza global fueron a parar en manos de un puñado multimillonarios que “solo” se habían apoderado del 1% hace 25 años.

​Los expertos del Lab se enorgullecen de presentar las primeras estimaciones globales de desigualdad de género en materia de ingresos laborales: en 1990 los salarios de las mujeres representaban 30% del total, tres décadas más tarde alcanzan 35%.

“Las dinámicas son distintas según los países y si bien algunos progresan, a nivel global el avance es demasiado lento”, denuncian.

​Sumamente preocupante también resultan los datos sobre disparidades el ámbito de las emisiones de óxido de carbono.

“El 50% de la población pobre emite 5 toneladas de Co2 per cápita en Europa, tres toneladas en Asia Oriental, 10 en Norteamérica. El contraste con las emisiones de los 10% más ricos es impactante: 29 toneladas per cápita en Europa, 39 en Asia Oriental y 73 en Norteamérica”, acusan los economistas.

​Y concluyen:

“Semejante desigualdad sugiere que los blancos de las políticas de lucha contra el cambio climático deben ser los contaminadores de más poder económico. Pero hasta la fecha medidas como el impuesto sobre el carbono afectan en forma desproporcionada a los grupos sociales de bajos y medianos ingresos, dejando intactos los hábitos de consumo de los más adinerados”.

Con información de Proceso.

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