Trabajo fotográfico, Lisbeth Chávez Jiménez, editora de fotografía de Glocal Media.

La historia de Daniel es colectiva. Él es el cuerpo y la mente que la materializa, pero en realidad su sueño es el de miles de centroamericanos que se ven forzados a salir de sus países de origen a causa de la violencia generada por las pandillas y los cárteles de droga, así como por la pobreza que impera y las escasas oportunidades de salir de ella.

Originario de Choluteca, Honduras, el joven de 18 años dejó su ciudad y familia para cumplir un deseo que le acompañaba desde pequeño: ir a Estados Unidos y tener una vida digna, trabajar y, si es posible, estudiar para ser médico.

No obstante, el camino no ha sido sencillo.

“Lo más duro del viaje fue aguantar hambre, frío, sol y mucho rechazo por parte de las autoridades mexicanas”, expresó a Glocal Media.

Foto: Lisbeth Chávez J.

Estuvo por casi nueve meses en Tapachula, Chiapas. Luego se desplazó a Monterrey donde estuvo por un corto período para posteriormente llegar a Tijuana, en específico a la Garita de El Chaparral.

Solicitar asilo en la Unión Americana, tal y como lo han hecho miles de centroamericanos desde décadas atrás y de manera más visible en los últimos cinco años con las caravanas migrantes, fue prioridad.

Daniel salió solo de su lugar natal sin saber que en Tijuana, en la antesala de su espera a la respuesta de asilo, encontraría a una nueva familia: la señora Morena, la joven “Chucky”, y por supuesto todos “Los Perros”, quienes ahora son los camaradas que el joven hondureño hizo en su estancia en el campamento de El Chaparral, muchos de ellos adolescentes como él.

Foto: Lisbeth Chávez J.

Las condiciones en el albergue improvisado no son las idóneas. El frío tan común para el tijuanense, pero tan pesado para el extranjero, hizo que varios padecieran de gripe al estar en casas de campaña que no son suficientes para cubrirse.

De igual forma la comida era escasa, mientras que el acceso al agua tardó en llegar, así como los baños portátiles para las personas que pernoctaban en el Chaparral.

La complicada situación que vivió Daniel en su travesía y en el campamento es plural. Todas las personas pasan por lo mismo y están ahí con la misma convicción e ilusión: “el sueño americano”.

Lo anterior, lejos de crear un ambiente hostil, dio como resultado el apoyo mutuo entre hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y también mexicanos que esperan su turno de asilo.

Se comparten el alimento y la información, se hacen compañía ante la intemperie del clima, ríen, cuestionan la incertidumbre, constató Glocal Media al convivir con ellos.

Pero lo más importante es que se motivan entre ellos mismos para no perder el ánimo y, por el contrario, mantener encendida la llama de la esperanza de una nueva vida.

“La convivencia en El Chaparral fue todo bien hermoso, porque todas esas personas las tomé como mi familia, nos apoyamos en las buenas y las malas”, platicó.

Foto: Lisbeth Chávez J.

“Fue un poco difícil por cómo vivíamos ahí con frío, las lluvias y el sol. Pero Dios no nos dejó solos”, agregó Daniel.

Tras poco más de tres meses esperando, el joven recibió la noticia de que iba a cruzar a San Diego para iniciar su proceso de asilo en Estados Unidos. Durante el periodo de Donald Trump las personas que solicitaban asilo tenían que quedarse en Tijuana o territorio nacional debido al programa “Quédate en México”.

Daniel se preparó para el día que tanto había soñado: llegar a Estados Unidos. Para ello vistió con su mejor look: tenis para jugar basquetbol, jeans ajustados, camiseta de la selección de futbol de Honduras, una chaqueta negra, collares, anillos, pero lo que más resaltaba era la alegría y a la vez nerviosismo en su rostro por el momento esperado.

Foto: Lisbeth Chávez J.

La emoción del joven era también la de muchas personas que le conocían en El Chaparral. Mujeres salvadoreñas y amigas de Daniel prepararon popusas para celebrar la despedida del que veían casi como a un hijo. También hubo popusas para llevar en la maleta.

Los alimentos fueron tan sólo una parte del último día del joven en el campamento, al que se le agregó fotos con amigos, consejos, risas y hasta ese ambiente de una agradable nostalgia por el que se va en busca de un mejor futuro, mientras los demás se quedan ahí, esperando.

Y cómo no iban a estar felices las señoras, hombres, jóvenes y niños que se resguardan en las casas de campaña improvisadas, si ellos también son Daniel, son un mismo anhelo.

Foto: Lisbeth Chávez J.

El joven hondureño no caminó solo desde la casa de campaña en El Chaparral hacia la Garita de San Ysidro. Contó con un grupo de casi 20 personas que le acompañaron para despedirle, desearle buena suerte y darle el último abrazo antes de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.

A menos de 50 metros de la Garita de San Ysidro parecía que había celebración previa al cruce, como cuando se reúnen familiares y amigos a felicitar al graduado.

Todos querían el último adiós con Daniel, la foto con el celular: era un pequeño gran triunfo el que se daba y todos estaban conscientes de ello.

Foto: Lisbeth Chávez J.
Foto: Lisbeth Chávez J.

El momento de cruzar a Estados Unidos había llegado. Mientras esperaba en medio de una gran fila de gente que hacía fila para ingresar a la unión americana, Daniel no pudo contener las lágrimas. Su ilusión por fin se materializaba.

Dio más abrazos, incluso a los que ya se los había dado, se despidió, tomó su maleta y caminó hacía el agente del CBP (Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos), quien extendió la mano para recibir los documentos del joven.

Foto: Lisbeth Chávez J.

De ahí continuó su paso para dirigirse al edificio de la garita, volteando a medio camino para saludar por última vez a los que le fueron a despedir.

Ese día Daniel fue todas las personas que dejan sus hogares para buscar mejores condiciones en Estados Unidos, ese día Daniel encarnó el sueño de asilo de miles de desplazados.

Foto: Lisbeth Chávez J.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí